
“Don Ramón tiene 80 años, acaba de enviudar; tiene una casa grande y una pensión muy pequeña. Sus hijos decidieron vender la casa y llevarlo a vivir con uno de ellos. Sin embargo, pocos días después de la mudanza, Don Ramón sufrió una severa depresión”.
Son múltiples las situaciones de las que me entero cuando, en busca de indagar a un paciente afectado por los nervios, inicio la investigación de su familia completa.
“A la vieja le gusta vivir en un su rincón y no molestar a nadie”… Es un decir popular que traduce el apego a la libertad, la autosuficiencia y la autonomía de nuestros padres, a la hora de recibir nuestro apoyo y orientación.
“Mi papá quiere repartir en vida sus bienes”… Esta situación NO sólo ha sido causa de serias disputas familiares, sino también de enemistades y disgustos entre los potenciales beneficiarios; ya que, entre los hermanos, siempre el o la más desvalida entiende que debe ser la mayor beneficiada.
“Como tú eres la única hembra y estás mejor parada encárgate de los viejos”… Lo cierto es, que la condición de buen hijo o hija está cada vez más escasa; NO sólo por los cambios económicos, sino también porque el poco agradecimiento filial a lo que ellos hicieron por nosotros se ha diluido.
“Esa mai de mi marido es lo más interesado”… Siempre aconsejo que los regalos del día de las madres sean en efectivo, y si es un sobre con papeletas de 2000, mejor. Las esposas de los hijos varones, con alguna frecuencia, rivalizan con los progenitores por asuntos económicos, celos y por luchas diversas de poder, y a veces se escuchan frases como las siguientes: “Yo no quiero a esos viejos en mi casa, ellos allá y yo aquí”.
“Pedro se agacha con las medicinas de los viejos”… Un gesto digno es cuando los hijos se encargan de comprar los medicamentos de sus padres, cuando tienen la dicha de tenerlos, y más aún, cuando sus esposas se encargan de llevarlos a sus consultas y atenderlos en los internamientos. Pero… uno de los hijos o hijas siempre suele recostarse de los otros de manera irresponsable y oportunista.
Donde más se percibe la ausencia de una seguridad social integral, es cuando nuestros padres padecen de hipertensión, diabetes, cáncer u otras enfermedades de atención compleja y, casi siempre, no tienen recursos para pagar sus gastos médicos; y peor aún cuando se les notifica que “por edad, ya a usted lamentablemente no le podemos cubrir ese tratamiento”.
Observen que las capas medias altas, en cuanto a ingreso y comparonería se refiere, solían llevar a sus viejos una vez al año “a chequearse” a los Estados Unidos. Observo que ese hábito preventivo ha disminuido por razones de costo y, justo es reconocer, por la calidad creciente de esos servicios en República Dominicana, verbigracia: CECANOT, Cedimat, Plaza de la Salud, HOMS y otros.
Concluyo con dos pequeñas reflexiones:
''Ni con todo el oro del mundo, jamás recompensaremos lo que han hecho nuestros padres por nosotros y por sus nietos.Lo que vayan a hacer, pues háganlo en vida. Sean tolerantes de sus majaderías y caprichos. No quieran heredarlos en vida, denles mucho cariño para que, cuando se nos vayan, nos quedemos con la satisfacción del deber cumplido.''