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10 oct 2012

Enterate -La importancia del silencio en el discurso: “El sonido del silencio”


La fila avanza, vamos ingresando a la oscuridad del cine. Avisos publicitarios continuos llegan a nuestros oídos. Nos ubicamos. A los pocos minutos un silencio de mayor extensión inunda la sala. Nuestra mirada, que se hallaba dispersa, se focaliza en la pantalla. Luego del logo de cine con su vasito de pochocho (siempre dependiendo de la cadena de cines a la que vamos), la película da inicio. Sin embargo no voy a hablarte de una película en particular, sino de ese silencio inicial que condujo nuestra atención hacia ella.
Habrás notado ya, que hay gente que habla en forma rápida y continua. Habrás notado también, que al poco tiempo de escucharla nuestra mente inicia un viaje a un lugar lejano del tema de la charla. ¿Por qué? Sencillamente porque no hay silencios. El silencio es tan importante como lo más significativo que decimos. Cuando escuchamos ruido sostenido durante largo tiempo, el silencio es lo único que anhelamos.
Si hablamos sin parar, o lo hacemos tan profusamente que apenas nos permitimos unas pocas inhalaciones de aire, adiviná qué deseará quien nos escuche. Dicho de otro modo, nada tan placentero para el otro como que nos callemos.
El silencio cumple con varias premisas básicas en el discurso.
1.- Respirar. Aprovechá cada coma, punto o punto y coma para exhalar el aire de los pulmones y reponerlo. Ya sé, ya sé, puede parecer una obviedad lo que te digo, pero no te imaginás a cuantos nos ha faltado el aire al hablar con cierta celeridad.
2.- Por otra parte, también sirve para crear una atmósfera de interés. Escuchamos con mucho más esmero a quien habla pausado, con la calma de una mañana de campo, con la misma naturalidad con que el viento acaricia el pasto cargado de rocío. Esa misma caricia de calma también se desliza por nuestros oídos.
3.- El silencio además, resalta conceptos. Cada vez que quieras dejar en claro un mensaje, haz un silencio antes y otro después de él. De ese modo quedará remarcado como si lo subrayaras o si le pasaras un resaltador.

Si tu discurso está atestado de palabras tendrá el efecto de un auto más en un embotellamiento, de una gota de agua en medio del diluvio. El mensaje se desdibujará, el único sonido que añoren los que escuchan será, parafraseando la famosa canción de Simon y Garfunkel: el sonido del silencio.
Dale a tus palabras la importancia que merecen, no las emborrones con superpoblación. Separalas, dales oxígeno. La única alquimia que permite esto es saber callar de vez en cuando. Por lo tanto, hay que fijarse un objetivo claro a donde llegar. De no ser así, mejor ni abrir la boca.